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Poemas célebres de amistad

La amistad es un sentimiento hermoso que debemos alabar, explicar y sobre todo vivir con las máximas de las alegrías. A continuación, como en ningún otro sitio, presentamos los mejores poemas conocidos sobre la amistad para compartir. 

Los mejores poemas de amistad



Amistad de Carlos Castro Saavedra

Amistad es lo mismo que una mano que en otra mano apoya su fatiga
y siente que el cansancio se mitiga y el camino se vuelve más humano.

El amigo sincero es el hermano claro y elemental como la espiga,
como el pan, como el sol, como la hormiga que confunde la miel con el verano.

Grande riqueza, dulce compañía es la del ser que llega con el día
y aclara nuestras noches interiores

Fuente de convivencia, de ternura, es la amistad que crece
y se madura en el medio de alegrías y dolores.



Los amigos de Julio Cortázar

En el tabaco, en el café, en el vino,
al borde de la noche se levantan
como esas voces que a los lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.

Livianamente hermanos del destino,
dióscuros, sombras pálidas, me espantan
las moscas de los hábitos, me aguantan
que siga a flote entre tanto remolino.

Los muertos hablan más pero al oído,
y los vivos son mano tibia y techo,
suma de lo ganado y lo perdido.

Así un día en la barca de la sombra,
de tanta ausencia abrigará mi pecho
esta antigua ternura que los nombra.





Vamos juntos de Mario Benedetti

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.

Compañero te desvela
la misma suerte que a mí
prometiste y prometí
encender esta candela.

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.

La muerte mata y escucha
la vida viene después
la unida que sirve es
la que nos une en la lucha.

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.

La historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora.

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.

Ya no somos inocentes
ni en la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes.

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.

Algunos cantan victoria
porque el pueblo paga vidas
pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia.

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.



No moriré del todo, amiga mía de Rodolfo Tallón

No moriré del todo, amiga mía,
mientras viva en tu alma mi recuerdo.
Un verso, una palabra, una sonrisa,
te dirán claramente que no he muerto.

Volveré con las tardes silenciosas,
con la estrella que brilla para ti,
con la brisa que nace entre las hojas,
con la fuente que sueña en el jardín.

Volveré con el piano que solloza
las nocturnas escalas de Chopin;
con la lenta agonía de las cosas
que no saben morir.

Con todo lo romántico, que inmola
este mundo cruel que me destroza.
A tu lado estaré cuando estés sola,
con una sombra más junto a tu sombra.





En el entierro de un amigo de Antonio Machado

Tierra le dieron una tarde horrible
del mes de julio, bajo el sol de fuego.
A un paso de la abierta sepultura,
había rosas de podridos pétalos,
entre geranios de áspera fragancia
y roja flor.
El cielo puro y azul.
Corría un aire fuerte
y seco.
De los gruesos cordeles suspendido,
pesadamente, descender hicieron
el ataúd al fondo de la fosa
los dos sepultureros…
Y al reposar sonó con recio golpe,
solemne, en el silencio.
Un golpe de ataúd en tierra es algo
perfectamente serio.
Sobre la negra cada se rompían
los pesados terrones polvorientos…
El aire se llevaba
de la honda fosa el blanquecino aliento.
Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa,
larga paz a tus huesos…
Definitivamente,
duerme un sueño tranquilo y verdadero.



Hermanos y amigos de Delia Arjona

Los amigos son hermanos
que nosotros elegimos,
los que te ofrecen la mano
cuando te encuentras perdido.
Son las puertas que se te abren
y se juntan los caminos,
cuando estás necesitado
sus brazos son extendidos.
Suaves rayitos de sol,
que te dan calor y abrigo.
El amor se fortalece
¡cuando tienes un amigo!





Cultivo una rosa blanca de José Martí

Cultivo una rosa blanca
en junto como en enero,
para el amigo sincero,
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.



Amistad a ultranza de José de Arias Martínez

Alma a alma así es que nace,
una amistad verdadera,
a fuerza de ser muy sincera,
corazón a corazón,
es una entrega de amor,
sin contratos ni promesas.

Porque existe comprensión,
porque existe aceptación,
sin precisar de perdón,
pues se entrega sin reservas,
la amistad tú la conversa,
cuando solo existe amor





Ese es un amigo de John Burroughs

Aquel cuyo apretón de manos es un poquito más firme,
aquel cuya sonrisa es un poquito más luminosa,
aquel cuyos actos son un poquito más diáfanos;
ese es a quien yo llamo amigo.

Aquel quien más pronta da que pide,
aquel quien es el mismo hoy y mañana,
aquel quien compartirá tu pena igual que tu alegría;
ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel cuyos pensamientos son un poquito más puros,
aquel cuya mente es un poquito más aguda,
aquel quien evita lo que es sórdido y mísero;
ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel quien, cuando te vas, te extraña con tristeza,
aquel quien, a tu retorno, te recibe con alegría;
aquel cuya irritación jamás se deja notar;
ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel quien siempre está dispuesto a ayudar,
aquel a cuyos consejos siempre fueron buenos,
aquel quien no teme defenderte cuando te atacan;
ese es a quien yo llamo un amigo.

Aquel quien es risueño cuando todo parece adverso,
aquel cuyos ideales nunca has olvidado,
aquel quien siempre da más de lo que recibe;
ese es a quien yo llamo un amigo.



Amiga, mi larario está vacío de Amado Nervo

Amiga, mi larario está vacío:
desde que el fuego del hogar no arde,
nuestros dioses huyeron ante el frío;
hoy preside en sus tronos el hastío
las nupcias del silencio y de la tarde.
El tiempo destructor no en vano pasa;
los aleros del patio están en ruinas;
ya no forman allí su leve casa,
con paredes convexas de argamasa
y tapiz del plumón, las golondrinas.
¡Qué silencio el del piano!
Su gemino ya no vibra en los ámbitos desiertos;
los nocturnos y scherzos han huido…
¡Pobre jaula sin aves! ¡Pobre nido!
¡Misterioso ataúd de trinos muertos!
¡Ah, si vieras tu huerto! Ya no hay rosas
ni lirios, ni libélulas de seda,
ni cocuyos de luz, ni mariposas…
Tiemblan las ramas del rosal, medrosas;
el viento sopla, la hojarasca rueda.
Amiga, tu mansión está desierta;
el musgo verdinegro que decora
los dinteles ruinosos de la puerta,
parece una inscripción que dice: ¡Muerta!
El cierzo pasa y suspirando: ¡Llora!





Algunas amistades son eternas de Pablo Neruda

Algunas veces encuentras en la vida una amistad especial:
ese alguien que al entrar en tu vida la cambia por completo.

Ese alguien que te hace reír sin cesar;
ese alguien que te hace creer que en el
mundo existen realmente cosas buenas.

Ese alguien que te convence de que hay una puerta lista
para que tu la abras. Esa es una amistad eterna.

Cuando estás triste y el mundo parece oscuro y vacío,
esa amistad eterna levanta tu ánimo y te hace que ese mundo oscuro
y vacío de repente parezca brillante y pleno.

Tu amistad eterna te ayuda en los momentos difíciles,
tristes y de gran confusión.

Si te alejas, tu amistad eterna te sigue.

Si pierdes el camino tu amistad eterna te guía y te alegra.

Tu amistad eterna te lleva de la mano y te dice que todo va a salir bien.

Si tú encuentras tal amistad te sientes feliz y lleno de gozo porque no tienes nada
de qué preocuparte.

Tienes una amistad para toda la vida, ya que una amistad eterna no tiene fin.



No te rindas de Mario Benedetti

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tu también el deseo,
porque has querido y porque te quiero.
Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estás sola,
porque yo te quiero.





Amigo de Pablo Neruda

Amigo, llévate lo que tú quieras,
penetra tu mirada en los rincones
y si así lo deseas, yo te doy mi alma entera
con sus blancas avenidas y sus canciones.
Amigo, con la tarde haz que se vaya
ese inútil y viejo deseo de vencer.

Bebe de mi cántaro si tienes sed.
Amigo, con la tarde haz que se vaya
este deseo mío de que todo el rosal
me pertenezca,
amigo si tienes hambre come de mi pan.
Todo, amigo, lo he hecho para ti.

Todo esto que sin mirar verás en mi estancia desnuda:
todo esto que se eleva por los muros derechos,
como mi corazón, siempre buscando altura.
Te sonríes amigo ¡Qué importa!

Nadie sabe entregar en las manos
lo que se esconde adentro,
pero yo te doy mi alma, ánfora de mieles suaves,
y todo te lo doy.
Menos aquél recuerdo.
Que en mi heredad vacía aquel amor perdido,
en una rosa blanca, que se abre en el silencio.



Concierto de amigos de Pablo Emilio

Da gusto ver la amistad,
cual almacigo florido,
donde pueblan los amigos,
sonrisa y felicidad.

Es igual que un carnaval,
pero de flores diversas,
que ayudan que las tristezas,
sin dudas, queden atrás
y te pueblan el mirar
con sus íntimas bellezas.





Amigo de Delia Arjona

Te admiro y te respeto
por cubrirme con tu afecto,
por hacerme en la vida
el camino más perfecto.

Porque siempre me aconsejas
cada vez que estoy vencida
escuchas mis problemas,
ofreciendo tu mano amiga.

Despejando mi mente
tu voz suave me aconseja,
me escuchas serenamente,
cuando la alegría se aleja.

Tan sólo con tu palabra
alivias penas del alma.

El fuerte abrazo sincero,
da tranquilidad y calma.

Llenándola de alegría,
cada vez que apareces,
iluminas mi vida,
me siento diferente.

Hoy las gracias quiero darte,
con esta simple poesía,
y desearte que pases
el más bello de tus días.



A un amigo de Jorge Luis Borges

No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida,
ni tengo respuestas para tus dudas o temores,
pero puedo escucharte y compartirlo contigo.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro.
Pero cuando me necesites estaré junto a ti.
No puedo evitar que tropieces.
Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.
Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos.
Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.
No juzgo las decisiones que tomas en la vida.
Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides.
No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar,
pero si te ofrezco el espacio necesario para crecer.
No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parta el corazón,
pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.
No puedo decirte quien eres ni quien deberías ser.
Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo.
En estos días oré por ti…
En estos días me puse a recordar a mis amistades más preciosas.
Soy una persona feliz: tengo más amigos de lo que me imaginaba.
Eso es lo que ellos me dicen, me lo demuestran.
Es lo que siento por todos ellos.
Veo el brillo en sus ojos, la sonrisa espontánea y la alegría que sienten al verme.
Y yo también siento paz y alegría cuando los veo y cuando hablamos,
sea en la alegría o sea en la serenidad.
En estos días pensé en mis amigos y amigas,
entre ellos, apareciste tú.
No estabas arriba, ni abajo ni en medio.
No encabezabas ni concluías la lista.
No eras el número uno ni el número final.
Lo que sé es que te destacabas por alguna cualidad que
transmitías y con la cual desde hace tiempo se ennoblece mi vida.
Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero,
el segundo o el tercero de tu lista.
Basta que me quieras como amigo
Entonces entendí que realmente somos amigos.
Hice lo que todo amigo.
Oré… y le agradecí a Dios por ti.
Gracias por ser mi amigo.





Poema de la amistad de Octavio Paz

La amistad es un río y un anillo.
El río fluye a través del anillo.
El anillo es una isla en el río.
Dice el río:
antes no hubo río, después solo río.
Antes y después: lo que borra la amistad.
¿Lo borra? El río fluye y el anillo se forma.
La amistad borra al tiempo y así nos libera.
Es un río que, al fluir, inventa sus anillos.
En la arena del río se borra nuestras huellas.
En la arena buscamos al río:
¿dónde te has ido?
Vivimos entre el olvido y la memoria:
este instante es una isla combatida por el tiempo.



Amistad de Zoraida Armengol

En una de las palabras más bonitas
y de los sentimientos más sentidos.
Obedece y atiende a ningún partido
y convierte en risas todas las cuitas.

La amistad no sabe ser egoísta;
no es del presente, ni del pasado ido.
En lo trascendental puro hace nido
y es incondicional mientras exista.

Es perdonar, tratando de comprender.
Es poder confiar creando una hermandad.
Es respetar y aceptar al otro como es.

Es no criticar, admirar y ceder.
Estar en la alegría y la adversidad.
Es seguir fiel, aunque el mundo ande al revés.





A mis amigos de Alberto Cortés

A mis amigos les adeudo la ternura
y las palabras de aliento y el abrazo,
el compartir con todos ellos la factura
que nos presenta la vida paso a paso.
A mis amigos les adeudo la paciencia
de tolerarme mis espinas más agudas,
los arrebatos del humor, la negligencia,
las vanidades, los temores y las dudas.
Un barco frágil de papel
parece a veces la amistad,
pero jamás puede con él
la más violenta tempestad.
Porque ese barco de papel
tiene aferrado a su timón,
por capitán y timonel
¡Un corazón!
A mis amigos les adeudo algún enfado
que perturbara sin querer nuestra armonía,
sabemos todos que no puede ser pecado
el discutir alguna vez por tonterías.
A mis amigos legaré cuando me muera
mi devoción en un acorde de guitarra,
y entre los versos olvidados de un poema
mi pobre alma incorregible de cigarra.
Amigo mío si esta copla como el viento
a donde quieras escucharla te reclama,
serás plural porque lo exige el sentimiento
cuando se llevan los amigos en el alma.



Franca, cristalina de Rubén Darío

Franca, cristalina,
alma sororal,
entre la neblina
de mi dolor y de mi mal.
Alma pura,
alma franca,
alma oscura
y tan blanca.
Sé conmigo
un amigo,
sé lo que debes ser,
lo que Dios te propuso,
la ternura y el huso,
con el grano de trigo
y la copa de vino,
y el arrullo sincero
y el trino,
a la hora y a tiempo.
¡A la hora del alba y de la tarde,
al despertar y del soñar y el beso!
Alma sororal y oscura,
con tus cantos de España,
que te juntas a mi vida rara,
y a mi soñar difuso,
y a mi soberbia lira,
con tu rueca y tu huso,
ante mi bella mentira,
ante Verlaine y Hugo,
¡tú que vienes
de campos remotos y ocultos!





Respuesta de José Hierro

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.
Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.
Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde…
Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente…
Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
¿Y cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu nombre la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?



Amigo mío de Antoine de Saint- Exupéry

Amigo mío, tengo tanta necesidad de tu amistad,
tengo sed de un compañero que respete en mí,
por encima de los litigios de la razón,
el peregrino de aquel fuego.

A veces tengo necesidad de gustar por adelantado el calor prometido
y descansar más allá de mi mismo en esa cita que será la nuestra.

Hallo la paz.
Más allá de mis palabras torpes, más allá de los razonamientos
que pueden engañar, tú consideras en mí, simplemente al hombre,
tú honras en mí al embajador de creencias, de costumbres, de amores particulares.

Si difiero de ti, lejos de menoscabarte te agradezco.
Me interrogas como se interroga al viajero,
yo, que como todos, experimento la necesidad de ser reconocido,
me siento puro en ti y voy hacia ti.
Tengo necesidad de ir allí donde soy puro.

Jamás han sido mis fórmulas ni mis andanzas las que te informaron
acerca de lo que soy, sino que la aceptación de quien soy te ha hecho,
necesariamente, indulgente para con esas andanzas y esas fórmulas.

Te estoy agradecido porque me recibes tal como soy
¿Qué he de hacer con un amigo que me juzga?

Si todavía combato, combatiré un poco por ti.
Tengo necesidad de ti.
Tengo necesidad de ayudarte a vivir.





Qué tengo yo que mi amistad procuras de Lope de Vega

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí ¡Qué extraño desvarío
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!